Comencé las clases con Mario después de leer los testimonios de otros alumnos, ya que tenía un bloqueo musical, especialmente con el ritmo.
Utilizando la mandolina como excusa, me ha ayudado a descubrir que todo es mucho más sencillo de lo que imaginaba y, además, mucho más divertido de lo que yo lo estaba haciendo. Las clases son totalmente personalizadas y muy amenas.
Mario se sitúa a medio camino entre profesor y “psicólogo musical”: ha sabido identificar cuál es mi verdadero problema y cómo abordarlo. Ahora solo queda seguir trabajando en ello.