Nunca he estudiado música ni he ido a clases de guitarra. Aprendí a tocar a los doce años, jugando, probando… Recuerdo que tenía un libro con los acordes y cuatro cosas para entender un poco el instrumento, pero nada más. Siempre pensé en esto como una limitación y me sentía acomplejada en cierto modo: como cantautora, en muchas ocasiones defiendo mis canciones a guitarra y voz y últimamente notaba que me faltaba confianza.
Después de las clases con Mario me di cuenta de que la limitación realmente estaba en mi cabeza, ya que de algún modo había creado mi propio método y era tan válido como el de cualquier profesor.
El detonante para decidir contactar con Mario fue una lesión en una mano que me impidió tocar durante unos meses. Según me iba recuperando, por primera vez en mi vida ¡no me apetecía tocar la guitarra! Y los complejos crecían…
Mario me ayudó a ordenar las ideas, a quitarme algunos vicios adquiridos y a incorporar algunas cosas nuevas en mi forma de tocar. Pero sobre todo hizo que recuperase la confianza en mi oído, en mi capacidad de escuchar, que al final es la base para tocar.
Esther Zecco, Segovia